Los encuentros de Virtual Futures reunieron a filósofos, artistas y teóricos de la cultura digital. Allí se probó que la teoría podía funcionar no solo como análisis, sino como dispositivo para intervenir en imaginarios tecnológicos.
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La CCRU
CCRU: quiénes eran y por qué importan
La Cybernetic Culture Research Unit (CCRU) fue un colectivo experimental de investigación asociado a la Universidad de Warwick entre mediados de los años noventa y comienzos de los dos mil. Su núcleo inicial estuvo compuesto por docentes de filosofía y una constelación de estudiantes y colaboradores que orbitaban según cada proyecto.
- Fundada alrededor de Sadie Plant y Nick Land, profesores del Departamento de Filosofía.
- Alimentada por investigadores como Mark Fisher, Kodwo Eshun, Luciana Parisi, Anna Greenspan y otrxs participantes que entraban y salían según los proyectos.
- Situada en Warwick, pero operando a menudo en los márgenes de la institución universitaria.
La CCRU funcionaba como un motor cultural que conectaba teoría, ficción y experimentación conceptual para pensar la cultura desde sus bordes más inestables.
Cómo empezó todo
El surgimiento del grupo debe situarse en el contexto del congreso Virtual Futures (1994–1996), un ciclo de encuentros académicos y artísticos sobre cibernética, teoría crítica y cultura digital organizado en Warwick. Tanto Sadie Plant como Nick Land participaron de manera destacada en estos eventos.
Parte del espíritu interdisciplinario de Virtual Futures derivó directamente en la conformación de la CCRU como una “unidad de investigación para prácticas teórico-experimentales” (CCRU, Writings 1997–2003, Introducción).
Aunque surgió dentro de la universidad, la CCRU adoptó rápidamente un formato de trabajo no convencional. No fue un departamento formal ni un grupo oficialmente reconocido, sino un espacio periférico que articuló investigación, escritura y experimentación conceptual.
En sus propios términos, la CCRU se describía como “an experimental cultural engine” y “a research hypercluster operating at the edge of theory-fiction”, subrayando su carácter de laboratorio especulativo más que de grupo académico clásico.
Teoría-ficción como motor
Esta autodefinición describe con precisión su método: una combinación deliberada de análisis filosófico, escritura especulativa y procedimientos tomados de la estética cyberpunk, la ciencia ficción y las teorías de sistemas.
La CCRU mantuvo siempre una posición ambigua respecto a la institución universitaria: no fue un departamento formal, ni un grupo reconocido, sino una unidad que operaba en los márgenes, articulando investigación, escritura y experimentación conceptual.
Su producción se caracterizó por el uso de teoría-ficción (theory-fiction), un género híbrido en el cual el discurso académico se entrelaza con elementos narrativos, glosarios especulativos, ficciones metodológicas y figuras mitológicas.
En la tesis de Mark Fisher, Flatline Constructs (1999), se analiza cómo la CCRU utiliza la literatura especulativa para examinar procesos culturales y tecnológicos desde perspectivas no lineales. El propósito no era solo explicar ideas, sino performarlas: “no explicar sino contaminar”.
FASE 2 · CCRU
HIPERSTICIÓN
La hiperstición es el nombre que la CCRU da a las ficciones que se vuelven operativas: ideas imaginarias que, al circular, empiezan a producir efectos reales. No se limitan a describir el mundo: lo reescriben.
Definición corta: una hiperstición es una ficción que se hace real por el modo en que se propaga. Al difundirse, reorganiza expectativas y conductas hasta producir las condiciones que parecía describir desde el inicio.
Glossary · CCRU Writings 1997–2003
“Elemento de la cultura efectiva que se hace real a sí mismo a través de cantidades ficticias que actúan como potenciales viajeros en el tiempo; una operación que intensifica coincidencias.” (p. 385)
La CCRU toma la idea de la profecía autocumplida y la lleva más lejos. No le interesa tanto decidir si una afirmación es “verdadera” o “falsa”, sino seguir cómo actúa cuando entra en circulación.
Lo importante no es el contenido moral del mensaje, sino el circuito que abre entre información y comportamiento.
1 · Aparición · Surge una idea, rumor o relato.
2 · Contagio · El mensaje se comparte, se comenta, se vuelve tema.
3 · Comportamiento · Las personas ajustan sus decisiones “por si acaso”.
4 · Efecto material · La situación termina pareciéndose a la ficción inicial.
Este bucle es lo que hace hipersticional a un relato: la ficción va empujando al mundo hasta parecer su propia evidencia.
Hiperstición como técnica teórica
Para la CCRU, la hiperstición no es solo algo que ocurre “en la sociedad”. Es también una técnica deliberada de producción teórica: escribir ficciones de tal manera que puedan reconfigurar los sistemas en los que circulan.
“Una operación conceptual que combina funciones narrativas con efectos materiales, de modo que la distinción entre ficción y causalidad se vuelve metodológicamente irrelevante.” (Aamodt, Unleashing the Numogram, 2019, p. 42)
Textos como Pandemonium o Lemurian Time War funcionan así: no solo cuentan historias raras, sino que buscan intervenir en la forma en que imaginamos el tiempo, la historia y la política.
¿Ha sucedido en
realidad?
Durante la pandemia de COVID-19 circularon rumores sobre la escasez de ciertos productos. Aquí seguimos uno de ellos para ver cómo una ficción puede volverse realidad.
El caso más llamativo fue el del papel higiénico. Bastó la combinación de algunos titulares alarmistas, fotos de estantes vacíos y mensajes de WhatsApp para que millones de personas salieran a comprar más de lo habitual.
Cuando miramos los datos por país, el efecto no es uniforme: el mismo rumor se trenza con contextos locales, redes de distribución y reacciones políticas distintas.
Desde la hiperstición, lo importante no es si el rumor era “verdadero” al inicio, sino el bucle que abre entre información y comportamiento: la ficción se usa para actuar y, al hacerlo, ayuda a producir la realidad que parece describir.
El primer motor aparece en la disputa sobre el origen del virus: mercado de animales, fuga de laboratorio, conspiración, accidente… Cada versión abre una línea narrativa distinta que rara vez se cierra.
El segundo motor se ve en la discusión sobre las vacunas: noticias desmentidas, fact-checking y réplicas producen un bucle donde la narrativa de “vacunas peligrosas” sobrevive precisamente gracias a los intentos de corregirla.
El tercer motor se vuelve visible en las compras de pánico: un titular sobre posibles cambios de normas basta para desatar colas, acaparamiento y estanterías vacías, reforzando la sensación de crisis.
Modelo conceptual de conflicto
La Guerra
Lemuriana
El conflicto entre Lemurianos y Atlantes aparece en varios textos de la CCRU —en particular Lemurian Time War, Pandemonium y glosarios asociados— y funciona como una narrativa estructural para pensar dos modos opuestos de organizar el tiempo y la cultura.
Aunque utiliza nombres míticos, el enfrentamiento no debe entenderse literalmente, sino como un modelo conceptual que dramatiza tensiones internas del sistema.
¿Quiénes eran Atlantes?
En el contexto del COVID, el polo atlante agrupa instituciones, discursos y dispositivos que buscan cerrar el sistema: estabilizar narrativas únicas, fijar causalidades y mantener la continuidad de las estructuras.
Esto incluye protocolos estandarizados, modelos epidemiológicos que buscan previsibilidad, normativas centralizadas y mensajes que intentan ordenar el caos informativo en una sola historia oficial.
¿Quiénes eran Lemurians?
El polo lemuriano recoge las fuerzas que mantienen abierto el sistema: rumores, especulaciones, memes, experimentos informativos y prácticas que desbordan los marcos oficiales.
Aquí entran teorías alternativas, redes auto-organizadas de cuidado, iniciativas de datos abiertos, hackeos de protocolos y todo aquello que introduce bifurcaciones en la narrativa dominante.
Después de la guerra...
PANDEMONIUM
Demonología cibernética como motor del Numograma
Sistema de demonología lemuriana
El término Pandemonium evoca la capital infernal de El Paraíso Perdido, la asamblea de todos los demonios. En la CCRU, sin embargo, nombra el sistema completo que articula números, zonas temporales y entidades conceptuales alrededor del Numograma.
En Pandemonium se define como “el sistema de demonología lemuriana vinculado a la estructura del Numograma y sus operaciones temporales”. Aquí los “demonios” no son figuras teológicas, sino entidades cibernéticas derivadas de relaciones numéricas entre las zonas.
Cada demonio representa una tensión o intervalo entre dos números. En lugar de adornos esotéricos, funcionan como una forma de pensar el Numograma como sistema dinámico de diferencias internas: qué zonas se atraen, cuáles se repelen y dónde se concentran las transformaciones.
Más adelante, este mismo esquema nos servirá para leer fenómenos como la pandemia de COVID-19: rumores, conflictos y políticas como “demonios” que reorganizan el sistema social.
Cómo se lee Pandemonium en el COVID-19
Pandemonium organiza 45 demonios como diferencias internas del Numograma. Cada entidad conecta una puerta, un circuito temporal y un rol operativo. Aquí tomamos tres demonios como ejemplo para leer la pandemia.
Murmer
Representa la fragmentación temporal y perceptual: múltiples versiones del origen del virus (mercado animal, laboratorio, accidente) coexisten sin resolverse, generando un campo rizomático de significados e incertidumbres.
Ver noticia asociadaOddubb
Simboliza el eco autorreferencial de la desinformación: el rumor sobre alteraciones genéticas crece porque se repite, se corrige y vuelve a circular. Cada desmentido actúa como combustible que refuerza la creencia inicial.
Ver noticia asociadaDjinxx
Encadena la turbulencia social: una señal mínima (alerta, miedo) desencadena acciones masivas (acaparamiento), materializando una ficción de escasez que afecta cadenas de suministro y vida cotidiana.
Ver noticia asociadaUsa el visor para cambiar de demonio y comparar su puerta, circuito y rol dentro del sistema.
Nombres de demonios
Matriz completa de 45 demonios
Numograma
Esta huella numogramática funciona como un mapa rápido de los cuatro recorridos hipersticionales. Cada nodo está medio apagado, pero al pasar el cursor se activan sus nombres. Al hacer clic, la huella se aproxima al nodo elegido y el texto cambia.
Retroalimentación: el sistema se pliega sobre sí mismo. El ruido regresa amplificado.
Fragmentación: el relato se rompe, los restos circulan.
Colapso: la ficción se estabiliza como realidad operativa.
Hiperstición: la idea ya actúa como causa.
Recorrido Numogramático:
La Construcción de
una Hiperstición
El proceso de creación de este ensayo interactivo supuso un desafío multidimensional que trascendió la mera redacción académica para convertirse en un ejercicio de diseño de experiencias. El punto de partida fue la necesidad de traducir la complejidad teórica de la hiperstición un concepto denso y a menudo contraintuitivo— en una narrativa accesible para una audiencia no especializada. La clave para desentrañar esta teoría residió en su anclaje con la realidad inmediata: la pandemia del COVID-19 se reveló como el caso de estudio ideal para demostrar cómo las ficciones (miedos, expectativas, modelos predictivos) no solo describen el mundo, sino que tienen la potencia de producirlo, materializándose en efectos tangibles como el desabastecimiento o la reconfiguración social.
Esta claridad conceptual, sin embargo, planteó un nuevo reto al momento de la ejecución: ¿cómo trasladar esta dinámica de "ficción que se vuelve realidad" a una estructura visual y navegable? La planificación del ensayo como un objeto interactivo exigió abandonar la linealidad del texto tradicional. La visualización de datos dejó de ser un complemento estético para convertirse en el vehículo narrativo principal. Al codificar variables abstractas —como la ansiedad colectiva o el incremento de precios— en gráficos dinámicos, el equipo pudo evidenciar los mecanismos invisibles de la hiperstición. Cada decisión de diseño, desde la elección de las paletas cromáticas hasta la interactividad de los diagramas, funcionó como una herramienta pedagógica para que el usuario no solo leyera sobre el fenómeno, sino que viera su funcionamiento sistémico.
Finalmente, la materialización técnica del proyecto cerró el círculo de aprendizaje. El desarrollo web desde cero, lejos de ser una simple etapa de montaje, se convirtió en una lección de humildad y rigor. Enfrentarse directamente al código (HTML, CSS, scripts) implicó gestionar la frustración ante errores inesperados y comprender que la interfaz es, en sí misma, una construcción compleja que requiere precisión lógica. Aunque el uso de herramientas no-code podría haber simplificado la tarea, la experiencia de construir la interfaz "ladrillo a ladrillo" permitió al equipo comprender la arquitectura profunda del medio digital. En definitiva, este proyecto demostró que la divulgación efectiva no surge solo de entender un tema, sino de la capacidad de tejer la teoría, el diseño visual y la ingeniería técnica en una experiencia unificada que permita al lector habitar, aunque sea por un momento, la realidad que se le propone.